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Tu corazón infinito.

Puertas abiertas de la noche, grietas a la sorpresa; signos de exclamación que se ahogan en nuestro beso indecoroso. Invades mi insomnio con tus dientes de poesía, llego a ti como a una playa virgen y en ti se tiende mi espíritu líquido; círculos de recuerdo en tu piel, brillas con el polen de la música ¿me dejarás ingresar a tus pasadizos más secretos? Te quiero abierta, obscena, abierta para el gozo, con las cenizas de la rosa entre tus manos, húmeda y liviana. Te quiero someter, que te enfurezcas y que solloces, que te duela la mordida de mi pasión. Que te arrojes sobre mi sexo salvaje y adolorida, que bautices con lágrimas mi glande, que no huyas: que me enfrentes, que agonices en la misma almohada que yo… Sé mi putita, desnuda, poniendo mi verga entre tus senos para eyacularte todos mis ocasos, el espeso otoño. Llena tus labios con mi poesía enhiesta, con mi corazón salvaje. Aprieto tu culito mientras muerdo tu espíritu. Araño tu espalda mientras beso tu caos, mientras acaricio el humo que te engendra. Sé mi putita deslizándote por la música de mis nervios… Al calor del vino mi impulso lascivo captura tu seno desnudo, pongo a latir una pequeña luz en la punta del pezón y lo recorro con la lengua hasta rodearlo, como rodeando un candelabro luminoso; me pone vigoroso tu mirada, tu cuerpo abriéndose a mis deseos; voluptuosos sueños que se cocinan con mi boca hundida en tu seno desnudo, pequeño interruptor para detonar el mundo.
Derrumba tu cuerpo sobre mí, erótico, candente, como una ola que me arrastra a ti con su fuerza y belleza. Mi boca sedienta de tus ríos subterráneos se hunde en tus dunas, tiernos montes de chiquilla juguetona. Palabras que se camuflagean de caricias, rasgo tus rompas como rasgando la falsedad de la sociedad. Derrumba tu cuerpo sobre mí, mi verga te espera, ávida de bañarse con la miel de tus días… Vamos a quemar la casa de nuestro cuerpo, incéndiame con tu lengua mi piel que arde en tu nombre, recorrer cada rincón de tu cuerpo con mi voz, que mi serpiente busque envenenarte, que tus piernas me aprisionen el alba; jadeante, vas a llover sobre mi boca, crepúsculo que se abre con un suspiro afilado entre los dientes; beso tu espalda, tu culo, entro en tus infiernos, respiro tu corazón infinito -
Apretando llagas.

Te he tocado, palpitante, tus lilas entre mis manos: belleza y redención. Vamos a inventar un nuevo pecado que habite en nuestras pupilas, en la huída de la carne al paraíso de lo inmediato. Que surjas del agua de claveles purificada, oscura y silenciosa como quien besa una estrella con sus labios rojos. El ritmo de tu cuerpo electrificando los soles con la miel de la lujuria, pequeña luciérnaga. Extraño la inocencia de sumergirnos en un vértigo sin perdón, extraño decir tu sexo para hacerlo cierto: inventarlo con mi habilidad lingüística sin palabra. Extraño el tren en el que me monto para recorrer tus túneles, la travesía y el relámpago que te deja desnuda y con la boca entreabierta. Extraño quitarme las máscaras para fundirme en tus huesos, para hacer de tu placer mi destino. Cuando el fuego te nombra, cuando la música te dice, cuando la noche te invoca. Cuando tus pezones erectos son mediosdías que dibujo con mi lengua; cuando la vela infla su luz para hacer de tus entrañas un cine de sensaciones; cuando crujen las olas con las que te embisto; cuando desnuda, tu cara en el espejo es de niña y perversa, presagio de eclipses carnales; cuando mi mano aprieta tus llagas… Cuando soy, cuando me escondo en ti, cuando tu cálida garganta se traga mi nombre; vendrá la imagen de tu boca como un valle fresco, como una calle asesina… Me gusta el otoño en la iglesia de tu vientre, exalta mi alma con la eucaristía de tus caderas; desgarra (degrada) este silencio con un gemido que sea también una confesión; yo seré la bestia imaginaria que muera al lado de tus uñas teñidas.
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Lolita III

Vamos a mecanografiar esta noche con tu cuerpo y el mío, tiraremos los gemidos por las esquinas, extraviate en mí, sacrosanta, redentora, con el culo al aire como Juana la loca. En tu boca hay un lenguaje, una palabra que nos azota: eternidad incalculable donde quiero incubarte de estrellas acuosas.
Tu sexo llamea, con mi lengua en su jaula mágica. Llameando la noche invisible, llamando a la bestia feroz que procreamos en nuestro beso. Onirismos. Entre tus pechos hay una rosa que quiero incendiar, hacer cenizas con las que después bautizaré tu ombligo con el nombre de todos los dioses.
Tengo un sórdido deseo de poseer las lilas con las que, de niña, jugabas, con tu olor infantil que me inunda la perversión. Dientes que buscar clavarse en tu culo como un novísimo pecado; palabras que sangran, trenes que se descarrilan a tus pies; moriremos en el fulgor del dios que nosotros mismos inventamos.
Pequeña puta, haces malabares con los mundos y haces que se queden estáticos en el cielo. ¿A mí también me devorarás? ¿pondrás tus tacones en mi espíritu? Escríbeme con tus uñas, desnúdate, deja que la lluvia ácida de mis palabras queme tu voluntad. Cae de rodillas, como yo ante ti, obscura, indómita, como una cámara de tortuta… muy placentera. -
NEFERTITI

Pequeña espora de orgasmo, temblor eléctrico que quema la piel –Dijo él mientras le metía la mano entre las piernas, sintió la tibieza del miedo, el salvajismo del sexo, casi caníbal, pero también ardiente flor de deseo.
Todo mi cuerpo es suyo, señor -dijo ella mientras arrojaba su sexo a las manos de su señor y pasaba las manos por sus dulces pezones que brillaban como la plata…
Oh mi amada Nefertiti – dijo el conmovido, casi con lágrimas en los ojos; un destello de ángel le incendió la mirada y se arrojó sobre ella en miles de besos, bombardeó a besos su cara, en especial sus labios, hizo olas de pasión en su cuello, circuló los pechos con lamidas, chupadas, succiones y dulces mordidas. Vaivén de la lengua en tus pezones. Luego, de un solo movimiento bajo rápidamente e insertó la lengua inhiesta en su vagina.
Ahhhhh! –Gritó Nefertiti extasiada- es increíblemente placentero, mi señor –continuó.
Él apreciaba aquella visión; la epifanía que probaba suavemente con su lengua; y su lengua como instrumento sagrado que regresa al tabernáculo; la efusión se desperdigaba en idas y venidas de cándidos lengüetazos, ondulaciones, espirales, arriba y abajo. El suave elixir conducía a los más estrepitosos saltos del corazón. Los labios de Él se unían a los labios de la vagina, en un solo beso cósmico. Cunnilingus que se transformaba en oníricos jugos de carne y pólvora de amor.
Te deseo tanto Nefertiti – dijo Él. Quiero renacer en las colinas de tu cuerpo, en la alborada de tu mirada, en la magia de tus manos- continuó. Y se abalanzó sobre la fresca boca de Nefertiti y cubrió sus jadeos con besos; le besó las mejillas, el cuello, chupó el cuello tan afanado como un vampiro nocturno… de nuevo bajo a los pechos y los cubrió de besos de tierna pasión, la punta de la lengua en la punza de los pezones, soñando, adorándose. Los besos resbalaron hasta el ombligo donde hizo un campamento la saliva caliente. Luego, indicando que iba de nuevo por sexo oral, la engañó y se fue directamente a las piernas, haciendo toda clase de ritos con las manos y la lengua. Acariciaba los muslos de Nefertiti suavemente con la nariz; entre chupadas y lamidas cayó en espiral a las rodillas para posteriormente, conmovido por la belleza, beso arrebatadamente los pies de Nefertiti. Ésta, a su vez, arrojó una expresión con su voz musical y Él sacó su miembro viril completamente inhiesto y venoso, de unos 18 cm de largo y bastante ancho. Tomó los pies de ella y comenzó a masturbarse con expresión en los ojos de antológica excitación. Se agitaba su pasión al exacto ritmo de su miembro contra los pies de ella; ella ponía ambos como haciendo una hendidura a un destello celeste y Él embestía con fuerza. Su solemne pene resplandecía con viveza en medio de las uñas pintadas de ella. Penétrame, pidió por fin la tierna doncella mientras temblaba súbitamente. Quiero que sientas el amor del universo tomando mi cuerpo como vehículo de magia y poesía. Al escucha aquello Él quedó fuera de sí de deseo y su tiesa herramienta de placer miraba de frente al cielo henchido de felicidad.
Es verdad tu belleza, es verdad –dijo Él. Todos los astros del cielo se detienen únicamente para contemplar tu beatitud-continuó.
Al instante siguiente depositó un beso sempiterno lleno de pasión en la boca de ella, deslizando la lengua erecta tanto que buscaba tocar la campanilla de la gloria. Sujetó con fuerza la pierna derecha y besó con el glande la entrada de su cueva de Venus. Cayendo bajo el hechizo de su clítoris, hipnotizado acariciaba los labios de la vagina con su glande. Poseído, completamente ebrio del vino de la lujuria, le dio la estocada mortal; ella soltó un gemido que era una orgía entre dolor, placer, amor y lujuria, deliciosamente aderezado con lágrimas cristalinas. La pelvis ataba al destino en suaves movimientos como el oleaje de una playa tranquila. La luna se masturbaba y les eyaculaba la más mágica luz… esto hacía que los pechos de ella fueran una comunión entre belleza y ambrosia, sacudidos tímidamente por las embestidas de un miembro viril inhiesto y consagrado únicamente a su placer.
“No te salves” –musitaba Él, tratando de hacer alusión a un poema de Benedetti.
Pero ella, nos quedaba claro, no congelaba el júbilo: pujaba, gemía y daba pequeños gritos, arrojaba su sexo contra su verdugo amoral; la sangre se aceleraba hasta parecer que iba a exceso de velocidad por la autopista de las venas.
Ella por fin pudo decir, zigzagueante,” ¡Más rápido, más rápido!”
Él, exhortado por aquella sentencia, le dijo “Tus gemidos son gasolina para el corazón”
Y penetró frenéticamente, esquizofrénico y lujurioso se sintió ladrón de aquellos frutos de carne. Al unísono volvieron a morder la manzana del pecado en mordidas de labios.
Él besó con una magnificencia litúrgica el lóbulo de su oreja derecha, tratando de tatuarse, así, en su lóbulo temporal. Chupó su cuello y volvió de nuevo a su boca para darse apasionados besos, mientras ella rodeada el cuello de Él con sus brazos bronceados de luz y miel. Al corazón de ambos les salían alas y sus almas sudaban gotitas de amor, mientras las esporas melódicas los envolvían en la música de un sueño bellamente sublime y espontáneamente mágico.
La penetración se hizo oasis de colores y ambos en la orilla del cenit, dieron un gemido que desabrochaba la piel del viento. El faro completamente extasiado lanzó sus perlas contra la barriga de ella, abriendo, de un tajo, las puertas del cielo. -
Parole al vuelo
Ahora que dejo que mi cuerpo se queme en el chispazo de tus labios,
busco la resurrección de tu muslo tibio
como un ladrón de esqueletos de ilusión
un rostro que se desfigura en la magia de la música.Te ahogo
te fecundo de nubes, desiertos lunares, eclipses de violetas.
Tú jadeas las brasas de los recuerdos.
Tus pezones en mis labios todavía son un volcán
que erosiona las olas que nos guardan…Ahora que el amor pasa sin comerciales y en HD,
al lado de la seda estás acostada
tejiendo con tus venas un beso de exangüe vitalidad.
Gimes la sangre de murciélago que riega mis raíces
y en horas de calor mis ramas se multiplicarán
para matar a cuanto ángel vea en el cielo.
En tu espalda hay una línea telefónica:
grito una canción anfetamínica
que mata al feto-fantasma de nuestro orgasmo.Ahora que mis dedos se desdoblan en tu sexo,
acarician con suavidad tu clítoris
me siento un pianista de jazz.
Mi verga también manda cartas postales
al buzón de tu alma.
Nuestro sudor escribe poemas póstumos
antes de tomar definitivamente las navajas de afeitar.
Licuamos tus palabras y las mías.
Esto es un poema póstumo. -
Conversación #1
-Hola
-Hola. Después de tanto tiempo…
-¿No me extrañaste? Yo te extrañé…
-Pues te diré… Ja-ja-ja
-Yo extrañé tus pasos, la leve sombra que dejabas caer sobre el sofá cuando infamemente hablabas con tu amante delante de mí…Y fingías hablar con una amiga. Extraño la manera tan siniestra en que geométricamente desnudaba tus palabras para ponermelas encima de abrigo y salir a llorar cada noche.
Extraño el sonido de tus tacones aplastando mi alma; el olor a gasolina para estrellas que había en tu pelo y tus manías al despertan; tu forma de caminar a la ventana como con ganas de lanzarte al precipicio de un mundo mejor
-No me acordaba de eso…
-Extraño escribir tu voz en un cartón viejo o en el papel de las tortillas o al reverso de una etiqueta de pepsi. Excribía tu voz en todos lados, en el comunismo, en el capitalismo. Rayé mi libro de Zaratustra escribiendo tu nombre con la sangre que no dejaba de fluir. Cometiste el descaro de dejar las navajas y el whisky ¿en qué cabeza cabe?
-¿Eso es tuyo o lo sacaste de algún lado? Como acostumbras plagiar tantas cosas…
-No estoy haciendo un poema. Estoy expresando mi manera de sentir… Tú encima de que me abandonas, te burlas…
-Tú sabes que tengo mucho trabajo en la radio. Pero dime ¿de qué me he perdido?
-Sé que no recuerdas las noches en que juntos hervíamos al lado de los poemas y el whisky. Las noches que nos cocinaron y nos sirvieron en una cama con mucho aderezo. No recuerdas tu imposibilidad para deletrear mi nombre ni que yo te sonreía detrás del cristal de Wall Mart mientras tú te esfumabas con tus padres a un mundo del que yo no podía aspirar… en tres días… porque ya había solicitado mi tarjeta.
No recuerdas tus agonías nocturnas ni que yo las calmaba inventando suaves valses que te hacían sonreír, que hacían que tu espíritu bailara sobre las olas que el incienso dibujaba en el aire. Pese a que puse mi cuerpo y mis besos como alfombra voladora (¡te juro que eras mi Aladina!) tú te marchaste a trabajar a radio UNAM y yo pasé a décimo cuarto término: ahí me encarcelaste. Me pusiste una camisa de loco y me arrojaste así, amarrado, al rincón donde se pudren ahora tus recuerdos y tu miedo. Eres una triunfadora, triunfaste a costa de mi fracaso y así es esto.
Te has perdido de noches y luciérnagas que traían en su luz los poemas que en otro tiempo te leía y que nadie más conocía, que eran tan fugaces como su pequeño vuelo y tan fugaces como nuestros besos. Te has perdido de mí arrodillado, rezandole a una pared, porque regreses. Te has perdido de mis tardeadas al lado de mis discos de Agustín Lara y el vino. En realidad, no te has perdido de mucho.
Soy un perdedor. Sé por qué me dejaste. Siempre seré un perdedor. El mejor ser humano sobre el planeta, lo soy y también un perdedor. Así es esto. Ni hablar.
-¿De todo eso me perdí? Ja-ja-ja. En serio ¿por qué no sacas un libro? Bueno, me voy, mañana tengo que pararme temprano.
-Bueno, que estés bien, cuídate mucho. Te quiero.
-Yo también te quiero pero no hagas un poema o un relato de cada que nos vemos.
-No es eso…
-Entonces me prometes que esta conversación no la voy a ver por ahí publicada…
-Te lo prometo…
Un abrazo de despedida.
Pd: (para el lector) mentí…
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La malilla

La malilla de un yonki es algo que sólo a él le pertenece; su secreto, el dolor es el único contacto con el mundo. La queja ya es, por sí misma, una confesión con Satanás, una busqueda incesante e irracional de encontrar una cura, ya ves, aunque sea metafísica. Poco importa la razón, poco importa ser racional o no, lo realmente jodido es aburrirse o ser sometido con una camisa de fuerza y ser llevado al pabellón de la locura como una mierda, cuando tú querías llegas al mismo pabellón pero convertido en un gran héroe, un poeta que fornica con muchas mujeres, por ejemplo, o un pianista sordo y genial que rompa con antiguos parámetros e imponga nuevos. Pero no, llegas al pabellón de la locura como la mierda máxima y en ese mismo instante el mundo cae encima de ti, pero ya no liviano como antes, sino con todas sus toneladas, te aprieta el pecho, lo aprisiona hasta que casi no se puede respirar.
Bajo toda medida el encierro es inhumano y el tener malilla, no importa de qué, morfina, endorfina, opio, es estar encerrado en uno mismo; estar encerrado significa que queremos correr hasta dejar atrás nuestra piel, este estúpido y a la vez divino cuerpo que nos ata a lo terrenal y a los placeres terrenales. No habremos de despreciar el bendito cuerpo, pero no cabe duda en que a veces quisieramos escapar de él sin escapar de nosotros mismos. El amor, una droga psicosomática, es decir, cuando te falta, el malestar no es sólo psicológico como muchos afirman, sino también físico; el verdadero enamorado vomita, se pone pálido, enferma, cuando su pareja o sus parejas se encuentran lejos. La monogamía, lejos de lo que se piensa, no es un producto social y/o moral para controlar la libertad humana, sino realmente un mecanismo de autodefensa del mismo organismo humano.. Si por extrañar a una persona, ¿cómo nos ponemos? ahora imaginen si extrañaramos a dos o más personas al mismo tiempo. Aunque parezca patético, mi teoría es que se paralizaría el corazón en cuestión de segundos… Si ahora, de repente, ya siento que se me paraliza. Decir: me duele, tengo malilla, es reverlar un secreto, abrir una herida en la piel de la que sólo saldrá pus negra y luz, mezcladas, porque así de deliciosamente asquerosa es la vida.
Ahora aprecio la violencia de la lluvia y el golpe de Estado que el solo humo de mi cigarro provoca. La taza de café con el líquido negro ardiendo, hirviendo y así siento que hierve mi cerebro también, la orquesta siniestra de mis nervios, el sueño espectacular de la muerte, porque está dormida la hija de puta, si estuviera despierta y me viera aquí tan solo y triste, ya hubiera venido por mí; es piadosa pese a todo. Me gusta ver como las gotas de lluvia resbalan por mi brazo… Imagino que el cielo es un jeringa y esta es su droga, su sagrada droga, ese metralleo sobre la piel del mundo, esa conciencia vacía que sirve de espejo y de boca abierta para recibir el único elixir real en este desierto de la existencia. El viento también trae canción y me suena francesa aunque esté lejos de Francia y no sea del árbol genealógico de Ediph Piaf. Sueno francés.
La malilla se va pasando porque me cuento historias divertidas a mí mismo, las historias que tenía reservadas para conquistar a alguna chica en un bar, me las cuento a mí mismo y me autoconquisto y me fascino. Me sorprende la facilidad con la que, si yo fuera mujer, caería bajo mi hechizo proxeneta. Ahora reviso mis bolsillos y veo que no me quedan más palabras, así que espero, rezo, por no haber desperdiciado las pocas que se me dan al día. Sólo observo el horizonte y, pareciera, él me observa a mí. Sigue el golpeteo del tambor del cielo sobre el corazón de la tierra, yo soy el sacerdote de este encuentro. Me siento drogado de nuevo. Son-río.
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Una carta cursi sin destinataria.
Cuando el amor se convierte en silencio, adquiere un halo místico. La renuncia suprema; no pienso que el silencio en el amor sea su muerte, y la anulación de su vida, simultáneamente. El amor cuando imita al silencio, adquiere una aura mística; lo que prostituye es la palabra, lo que prostituye es la voz. Un amor cósmico, sobrenatural, sobreartificial, no debe decirse, quizá ni significarse. Por eso he guardado tu amor en mi anforita de silencios y probablemente nunca lo sacaré de ahí. Sin embargo, no te voy a negar que el recuerdo de ti todavía activa una sirena interna en mi alma que anuncia la quema, una quema de hielo, una helada que echó a perder todos los besos que sembramos y que no supimos cosechar a tiempo. Esa sirena más fuerte que la de las ambulancias del infierno; el único remedio: un beso y una palabra que solamente tú sabías mezclar en tu boca.
A mí no me queda más llanto y espero que a ti tampoco. Tu cabello al viento siempre fue una revelación del buen camino, del camino verdadero. A mí me esperan cinismo y sarcasmo mezclados, me espera lo que quiero ser (sin lograrlo casi nunca); firmé un contrato para pasar, como Rimbaud, una temporada en el infierno. A esas llamas me aferraré, a esas calaveras, a esas danzas de lluvia y opio, al exceso de ser una marioneta que se deja manejar por los hilos de la propia locura.
¿Amistad? Es un término curioso, no lo aplico con la demás gente como contigo ¿será que tú despiertas mi lado más noble, menos utilitarista? Una vez Nietzsche llamó a Kant “bello ingenuo”, porque Kant creía que cada humano lleva en su interior el germen de la bondad. Así me siento contigo, un bello ingenuo. Y no soy kantiano, ni nietzscheano (la brutalidad de mi pensamiento pretende ir más allá.) Amistad contigo es una palabra limpia, una palabra que se baña con la belleza de tu mirada, una palabra sin rencor, una palabra que es un pájaro con su propio cielo –como escribí en otro lado-. Agradezco tu amistad y sé que agradeces la mía (y haces bien, tengo pocos amigos y debes consentirme)
Pienso que conocerte y amarte cerró muchos ciclos y viejas heridas. Ahora te dejo un beso en las manos y me voy a herirme de nuevo, porque la única forma de no hacerse daño es estando encerrados (o muertos) y es algo para lo que ni tú ni yo nacimos; amantes, como somos, de la sagrada libertad que da ser uno mismo, es difícil estacionar el espíritu en un solo punto.
Te cuento, tengo un conflicto. Sartre dice que estamos condenados a elegir; Cioran dice que los obsesos no eligen, pues su obsesión elige por ellos. Yo soy una persona muy obsesiva intelectualmente y no estaré tranquilo hasta encontrar una palabra perfecta, esa palabra que sea capaz de crear y destruir el universo en un instante. (Mi ambición es grande.) Por eso continúo con la filosofía y con la poesía. Leo, escribo, vivo, respiro. Esa palabra que busco, está claro, no es Amor (aunque es una palabra semi-perfecta por las características que ya mencioné.)
El epígrafe es de una canción de Herman Düne, una canción que me hizo pensar en ti desde la primera vez que la oí (hace poco.) Mi hogar es ningún lugar sin ti, sí, tal vez, porque todavía siento algo por ti, pero el amor, a veces, no es suficiente. Lo cierto es que disfruto internarme en los abismos que me ofrece tu ausencia. Tu amor es algo no experimentable, pero tampoco algo a lo que pueda renunciar. No me mal interpretes, yo soy el primero en celebrar que salgas con otra persona, yo salgo con otras personas, experimento cosas, pero al final del día estoy como lo empecé: solo y melancólico. O tratando de romper mi cuarto con una carcajada sarcástica. Burlarme de los idiotas es algo que me reconforta. Hay muchas cosas que todavía me hacen reír y las vivo, pero en mi cerebro los laberintos nunca dejan de tejerse.
Por último, un año nuevo de vida siempre es emocionante, es como asistir a una obra de teatro que hemos esperado ansiosamente ¿Qué hay detrás de la cortina? Sólo el tiempo lo dirá. Gracias por tu luz, gracias por el sabor de tus pezones (ya era mucho lo que escribía sin decir algo perverso.)
PD: No sé qué escribí, ojalá lo sepas. Debes de saber que las palabras son palabras, el valor simbólico (al menos personal) de esta carta, es que estoy pensando en ti. Pensé en ti y te escribí, es todo, a eso se resumen, a veces, las creaciones maravillosas de la vida. Tu vida es algo maravilloso. . -
Varsovia

Varsovia, yo todavía tengo los sueños marchitos en tus sueños y es terrible tu arponazo que me inyecta monstruos lánguidos y el cadáver de tu moral que me arroja sobre una tumba adornada con amapolas; ¡oh divina gracia! Tu escote esconde un enigma como un puñal, un instrumento de pulsión de muerte bajo los temblorosos labios de la noche.
Varsovia, todavía guardo el sabor de tus pezones en mis bolsillos. Así es la gracia de tu carne que toca mis nervios con su melancólica melodía. Aquí estamos: borrachos y desnudos; tú me amenazas de muerte mientras yo tengo el frío metal del revólver dentro de tu vagina. Varsovia, guardo tus estrellas en el iris de mis ojos, guardo mis versos en tus deleitantes arrecifes. Guardo mi amor en el crepúsculo de tu boca. Tu ilusión es una carretera lluviosa de besos derrapados, de sangre de hotel sobre el pavimento, oros de sol en los huesos de los árboles. Mi boca es un monstruo que busca descifrar las orquestas de tu piel, todavía…
Varsovia, todavía guardo tus diamantes molidos en las venas de mi mar. Es triturado el poema e inyectado en la suavidad de tus piernas hasta que te arranques la máscara del ser, apocalípticas arrugas que protege el rincón oscuro de tu belleza. Arrójame con la verga henchida sobre tus pechos. Eros sodomiza todas las realidades. Arrójame o mátame. Desnudémonos de este lugar obtuso donde vivimos; que el humo se estanque en tu espalda baja, de ahí lameré los espectros de tu ansiedad.
Haz habitable mi lujuria, el ensueño de los planetas, levanta tu culito rumbo al atropello de mis delirantes pesadillas. Siente fluir los edificios en la alma enredada de la noche, maquinaria lúgubre que encierra cuervos y orgasmos. Siente mis dedos ensangrentando tu espalda como un ave de rapiña. Siente mi semen caliente, hirviendo en la caldera de tus entrañas. Rima los vaivenes de mi pelvis en el aquelarre en el que te invocas a ti misma libre y sensual. Devora mis palabras con tus labios entreabiertos, mordiendo duro, las noches extasiadas de mi juventud desenfrenada. Es cierto, vengo a cabalgarte, a darte la cornada mortal, vengo a desvanecerme en la intermitente luz neón de tu ano, vengo a explotarme, exterminarme para volver a nacer. Mira mi verga, durísima, mira su sombra que ya penetra hasta matar los ángeles de tu mirada. Mira mi verga, siéntela, frótala, chúpala, deja que su savia te bautice con el nombre de Varsovia.¡Varsovia, entra a mi manicomio y mastúrbate con mi locura! Con tu locura, tócame, ábrete a mis viajes nocturnos que quiero beberte como elixir narcótico. Entra a este rincón psicotrópico de la imaginación ¡oh bella Varsovia!
Abre las piernas o te las abro, tengo la navaja afilada.
Abre las piernas o te las abro con la escopeta que tengo preparada
para matarte con un vendaval de estrellas
que en la hecatombe gritan tu nombre
¿Varsovia? -
El AURA DIVINA Y LA DEIFÓBICA

La chica ofendida, le dijo a su personaje-novio (que no era más que el eco de su voz) sobre aquellos rufianes que la ofendieron con obscenas palabras en la esquina de la colonia. El novio, gallardo y airado, fue a enfrentarse con los terribles ociosos, aquellos que con sus mordaces leperadas creaban juegos de lenguaje capaces de hacer temblar los paradigmas semióticos. El novio-personaje los enfrentó y los venció (tenía el lúdico don de la palabra.) Así, aquel novio-personaje volvió al lado de su amada, con orgullo y con cierta aura divina.
*(Sin embargo, el desastre llegó cuando su amada leyó este cuento y, como era deifóbica, lo abandonó. Desde entonces personaje -que ya no es novio de nadie- no deja de reclamarme por escribir “aura divina”. Yo, por mi parte, cuando me aturde, le contesto: si no hubieras ganado, nada de esto hubiera pasado, así que es tu culpa.)